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Alicia Moreau perteneció al grupo de seis mujeres que se inscribieron por primera vez en la Universidad de Buenos Aires (UBA) para estudiar medicina en Argentina, en una época en la que la sociedad veía con reserva que las mujeres estudiasen una profesión universitaria. Mientras se desempeñaba en el Hospital de Clínicas, instaló un consultorio ginecológico en la calle Esmeralda de la ciudad de Buenos Aires para atender de forma gratuita a mujeres de bajos recursos y prostitutas.

Se adhirió al Partido Socialista donde se abocó a la actividad política y a trabajar en la defensa de la mujer, sobre todo en cuestiones relacionadas con el derecho al sufragio, los derechos laborales de los asalariados, la salud y la educación pública.

Además, incursionó en la denominada “Huelga de los inquilinos”, en donde se manifestó en contra de los elevados alquileres que imponían los conventillos; y apoyó “La marcha de las escobas”, una procesión de amas de casa que tenía como objetivo defender sus derechos por los barrios pobres de Buenos Aires.

En 1975 con 90 años participó de la creación de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos. Esta asamblea desempeñó un importante papel de resistencia al terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico militar que gobernó entre 1976 y 1983.

Autora de “Evolución y educación”, “La emancipación civil de la mujer”, “El Socialismo según la definición de Juan B. Justo”, “La mujer y la democracia”, entre otras obras, será siempre recordada como una de las mujeres que propició el voto femenino.

“Siempre creí que este país merecía ser distinto. Que un día íbamos a unirnos todos y el destino cambiaría”, frase que de alguna manera sintetiza su pensamiento en pos de la unión como presupuesto fundamental para construir un provenir compartido y común.

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