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“Los ancianos desvalidos son, para vergüenza nuestra, como una réplica dolorosa de lo que eran la mayoría de los argentinos laboriosos hasta el día en que la Nación oyó de nuestros labios que la Justicia Social, o era Social o no era Justicia ni era nada”, dijo Evita el 28 de agosto de 1948 en el Ministerio de Trabajo.

Evita leyó y entregó al Presidente Juan Domingo Perón el decálogo de los Derechos de la Ancianidad para que fueran incorporados al proyecto de reforma Constitucional.

Los Derechos de la Ancianidad fueron efectivamente incorporados a la Constitución de 1949 y cayeron junto con ella tras el golpe militar del 55.

Argentina fue pionera en incluir en su legislación los derechos de los adultos mayores y ese mismo año, estos derechos fueron proclamados por el Tercer Período de Sesiones de la Tercera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Fue a partir de esa presentación de nuestro país en las Naciones Unidas que el resto de los países del mundo comenzaron a desarrollar esta temática y comenzó a materializarse para el mundo entero lo que Evita había soñado: “reparar una injusticia e  incluir en su labor solidaria a un sector del pueblo que llega al ocaso de la vida huérfano de cariño y económicamente incapacitado para proveer a sus necesidades.”

Es en conmemoración de ese acto primero de amor de Evita que el 28 de agosto de cada año se celebra en la Argentina el Día de los Derechos de la Ancianidad.

Desde nuestro IPLIDO de la UTHGRA, mantenemos en alto esas banderas y trabajamos cada día por la inclusión y la protección de nuestros compañeros jubilados, a través de programas de concientización para erradicar el Maltrato Familiar (que incluye el maltrato a los abuelos) y de la Escuela para adultos con padres mayores.

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