El ajuste: recorte fiscal inequitativo y poco eficaz
2014. El Gobierno decidió afectar el bolsillo de la clase media asalariada y los jubilados, pero no achica el Estado; las medidas no alcanzan para equilibrar las cuentas. Luego de una década en la que se aumentó el gasto público en diez puntos del producto bruto interno, la fiesta se terminó y llegó la hora de pagar los platos rotos. El Gobierno tomó nota de esta realidad que ya se torna insostenible y emprendió el temido ajuste, pero hizo caer el mayor peso de esa medida sobre un grupo de la población , fundamentalmente la clase media asalariada y los jubilados. Para colmo, desde el Estado ni siquiera se dan muestras de austeridad con un recorte de erogaciones en propaganda oficial o en Fútbol para Todos. La necesaria quita de subsidios no sólo es inequitativa, ya que solamente afecta a la población residencial del área metropolitana de Buenos Aires y exceptúa a las industrias , sino que tiene sabor a poco. El tijeretazo en gas y agua dejará un ahorro de $ 10.000 millones, sobre una masa de subsidios que asciende a $ 122.614 millones. Una medida similar sobre la electricidad podría dejar apenas otros $ 10.000 millones; mientras que la licuación de salarios a empleados públicos por efecto de la inflación arrojaría una suma similar. La gran incógnita es qué sucederá con las jubilaciones y pensiones. Si siguen la misma suerte que los sueldos públicos, es decir, si crecen sólo 30% mientras que la inflación roza el 40% anual, significarán un ahorro del Estado en términos reales de $ 30.000 millones. Según un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), todos estos recortes juntos no llegan a cubrir un déficit fiscal que en 2013 fue de $ 64.000 millones y que tuvo que financiarse con emisión monetaria, lo que produjo más presión inflacionaria. Alejandro Rodríguez, director del Departamento de Economía de la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos (Ucema), dice que la pregunta que todos se hacen es quién pagará el ajuste. “El gran peso va a caer de manera directa sobre la clase media y media baja, vía reducción de subsidios -responde el especialista-. Además, eso se va a derramar indirectamente sobre otros sectores de la economía, porque esa familia a la que se le aumenta el gas y el agua va a recortar su gasto en empleada doméstica o en el restaurante de la esquina.” Fernando Navajas, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), resume el ajuste en una conocida frase: mucho ruido y pocas nueces. “Es un recorte sobre pocos. El Gobierno quiere concretar un ahorro de un punto del PBI sacándoselo a la clase media urbana del área metropolitana. Pero eso no alcanza”, comenta el especialista. Ahora bien, ¿quién tendría realmente que pagar el ajuste? Si se hiciera bien, sería el Estado el que debería ajustarse. ¿Cómo? Poniéndoles fin al empleado improductivo, al empresario que vive de la pauta oficial y a los sobreprecios en la obra pública. “Ésas serían medidas más sanas para la economía; pero son justamente aquellas que mayor costo político tienen para el Gobierno”, opina Rodríguez. El Estado nacional gasta en personal $ 101.000 millones, lo que significa 106% más en términos reales que en 2003, cuando llegó el kirchnerismo al poder, según datos del Iaraf. Esto representa 3,3 puntos del PBI, tres veces más de lo que se espera ahorrar con toda la quita de subsidios anunciada hace diez días. Nadin Argañaraz, director del Iaraf, comenta que si se ajusta en función de sueldos y jubilaciones es obvio que se pega mucho más en una sola porción de la sociedad. “Ahora, si se deja de gastar en Aerolíneas Argentinas y Fútbol para Todos, o se paga menos por obra pública que se sobrecotiza, se estaría frente a una verdadera reforma del Estado que ayudaría a evitar el impuesto inflacionario”, analiza el especialista. Otros analistas consultados opinaron que no se van a solucionar todos los problemas cortando el chorro a Aerolíneas Argentinas y dejando de financiar Fútbol para Todos, pero ésta sería una muestra de buena voluntad por parte del Estado y un ejemplo para la sociedad. “Es como si un padre recorta los gastos en el colegio de su hijo, pero sale a comer afuera todos los días”, compara Rodríguez. Según la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), el Estado destinó a Aerolíneas Argentinas $ 3117,7 millones en 2013 y presupuestó $ 2777,8 millones para 2014. Fútbol para Todos, en tanto, les significa a las cuentas estatales $ 1410 millones, asignación que tiene un aumento de 17% respecto de 2013. Un trabajo de FIEL, titulado “Sigue el ajuste”, destaca que la decisión de mantener el subsidio a la industria por razones de competitividad o para que no aumenten los precios es una política industrial confusa. “La decisión de compensar con subsidios o con protección los sobrecostos que generan las regulaciones injustificadas y los elevados impuestos no es un elemento incluido en los instrumentos que determinan una política de desarrollo productivo moderna”, se dice en el estudio. Por otra parte, continúa el análisis de FIEL, si el objetivo era contener los precios de los productos al público, no se entiende por qué se quitan los subsidios al comercio mayorista y minorista. Lo coherente hubiera sido quitarlos a todos por igual. Allí también se subraya que quedan fuera del recorte los usuarios residenciales de la Patagonia, que explican 22% del consumo residencial del país (para tener una idea, toda el área metropolitana de Buenos Aires consume 7 por ciento). Claudio Lozano, diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires (por el partido Unidad Popular), dice que el ajuste cae básicamente sobre trabajadores, jubilados y consumidores. Para él, se cumplen todos los pasos de un ajuste ortodoxo, menos dos: el ajuste fiscal y la puesta en marcha de un programa antiinflacionario. LOS NO ALCANZADOS Para Lozano, hay un tímido avance en materia fiscal, que tiene que ver con los subsidios, pero aun ahí se ve que no se toca